7 de octubre de 2018
A POCOS DÍAS DEL ANIVERSARIO DE UN ÍCONO AZULEÑO
El próximo miércoles 10 del corriente, el Parque Municipal de Azul arriba a su centenario. Constituido desde sus inicios como un verdadero emblema de la unidad de la comunidad azuleña en pos de un objetivo común, ha transitado a lo largo de su existencia por un extenso rosario de episodios que marcaron su devenir y esencialmente su aspecto artístico y natural.
Algunos miembros de la Comisión del Parque Municipal en una de las calles del paseo, hoy devenido en Avenida República Oriental del Uruguay.
Por Eduardo Agüero Mielhuerry
Nacido en el ideario comunitario como una necesidad ante la pujanza misma de la ciudad, el Parque Municipal tuvo sus orígenes más remotos en una de las varias “plazas de carretas” que tenía el pueblo. Cuatro manzanas conformaban la Plaza o Campo de Marte, posteriormente conocida como Plaza General Rivas, ubicada en las afueras del pueblo, al Sur, a un costado del inicio del “camino de las acacias” -hacia el puente de los Negros, o San Benito-, cerca del Molino Harinero “Estrella del Sud” (1858) de Blas Dhers y su familia, que era el principal atractivo para la llegada de los vehículos con materias primas o la salida de los mismos con la manufactura.
La zona de la Plaza Marte era el límite “urbano” del pueblo, más allá estaba la zona de chacras. De hecho, hasta 1888 la calle Guaminí era la última denominada hacia el Sur. Recién el 4 de marzo de dicho año, mediante el Decreto N° 354, durante la intendencia de Pedro Oubiñas, se determinó: “Las calles que en la actualidad permanecen sin nombres se denominarán como enseguida se expresa: (…) La que sigue de la Guaminí rumbo Norte a Sud, General Rivas, y la paralela, General Paz.”..
Asimismo, en los umbrales del siglo XX, la Plaza contaba con una pista para la práctica del ciclismo y pedestrismo; y aún se podían visualizar las viejas defensas contra los indios.
Un adelantado
El intendente Manuel Castellár (7 de abril de 1911 – 31 de diciembre de 1911), planteó un importante plan de obras públicas que incluían el embellecimiento de los espacios públicos.
Considerando que la ciudad apenas contaba con tres espacios públicos, es decir, las plazas “General Rivas”, “Bartolomé Mitre” (actual manzana de Vialidad de la Provincia, en Av. Mitre y Av. Cacique Catriel), y “Colón” (actual Plaza “San Martín”), el intendente Castellár reflexionaba que “nuestra ciudad carece de paseos públicos propiamente dichos. La pequeña Plaza Colón es apenas un minúsculo jardín y solo en la Av. Mitre encuentra el vecindario el sitio que hace las veces de verdadero paseo”.
En consecuencia, anunció que se le había solicitado al ingeniero Jorge E. Bosh, la proyección y el trazado de un futuro parque, teniendo como punto de partida la Plaza “General Rivas”, adelantándose casi siete años a la obra real que se materializaría en octubre de 1918. Sin embargo, su plan de trabajo se vería demorado…
El 10 de octubre de 1918, se concretó la inauguración del Parque Municipal. Ante una nutrida concurrencia, que se agolpó en los tranquerones de acceso, varios de los involucrados en el magnífico proyecto hicieron uso de la palabra.
Primeros pasos…
El comisionado Municipal, Dr. Lisandro Salas (2 de septiembre de 1917- 30 de abril de 1918), retomó y vigorizó la idea de formar un Parque, para lo cual recolectó las voluntades de varios entusiastas.
La primera Comisión Pro Parque estuvo integrada por renombrados vecinos de nuestro medio. Fue presidida por Antonio Esteban Aztiria, secundado por Enrique Squirru, Emilio Vázquez, Constantino Fernández, Bartolomé J. Ronco, Félix Etchepare, Saúl Ruda, Ángel Sala, Bernardo Naulé, Luis Robín y el propio Lisandro Salas, quien había dado el puntapié inicial para su conformación.
El Parque, que en sus orígenes apenas superó las 10 hectáreas de extensión (contando en la actualidad con más del doble), fue logrado en base al aporte y la voluntad del pueblo azuleño entero. Cada persona colaboró según sus capacidades económicas o en la medida de sus habilidades. Así, podemos marcar que muchos colaboraron con “fuerza de trabajo” como quienes hicieron movimientos de tierra y su posterior nivelación en el terreno o cavaron los zigzagueantes canales.
Hacia mediados de 1918, el intendente José María Lier (el primer intendente de la Unión Cívica Radical que gobernara los destinos azuleños), dispuso la nivelación de los terrenos del futuro Parque Municipal y ordenó la construcción de ocho pedestales, una rotonda y zanjas, para comenzar el embellecimiento del sector.
El Parque Municipal, que en sus comienzos contó con poco más de 10 hectáreas, fue una obra magistral de Ángel Sala (aconsejado y acompañado por Antonio E. Aztiria), quien delineó decenas de espacios o jardines dedicados plenamente al disfrute de lo natural y el arte.
Apelando a la sensibilidad
En julio de 1918, la Comisión Pro Parque hizo circular entre numerosos vecinos una sentida carta que apelaba directamente a la sensibilidad de los azuleños para sumarse económicamente a un proyecto de tamaña envergadura, que sin dudas significaría un enorme adelanto para la ciudad en general. La carta decía:
“Distinguido convecino:
Nuestra Ciudad, de cuyo adelanto nos sentimos todos orgullosos y a cuyo progreso se halla Ud. tan vinculado, necesitaba un amplio Parque, que contribuyera a darle algo del aspecto de los grandes centros urbanos y que, al llenar su doble e importante función de higiene y ornato, fuera, como lugar de sano esparcimiento, algo más que la pequeña plaza aldeana de nuestras reuniones familiares.
Del concepto de esa necesidad surgió la iniciativa de la formación del Parque Municipal, en uno de los parajes más pintorescos de nuestros alrededores, sobre la margen del Arroyo y a pocas cuadras de los centros de actividad.
Las obras de formación de ese Parque se encuentra ya muy adelantadas y nosotros le invitamos a visitarlas –si no lo hubiera hecho- para que tenga Ud. La impresión concreta y segura del progreso y de la belleza que ellas significan.
Los espíritus cultos y selectos como el suyo son los que más intensamente valorarán esa impresión y la utilidad colectiva de esas obras, y se sentirán generosamente dispuestos a prestarles el calor de su propaganda, la adhesión de su esfuerzo inteligente y, sobre todo, la ayuda pecuniaria que necesitan para que puedan ser llevadas a feliz término.
Con los recursos solamente de nuestra comuna no es posible proseguir el Parque, y es por esa circunstancia que los suscriptos han aceptado constituirse en comisión para tomarlo a su cargo, contando que nos les faltará la cooperación del vecindario para salir airosos en la empresa.
Y, en tal sentido y seguros de su ayuda, que solicitamos a Ud. su contribución pecuniaria para las obras expresadas…”
El alquimista…
Teniendo en cuenta que toda la extensión del Parque Municipal fue lograda a partir de las diversas donaciones efectuadas por vecinos de Azul, podemos afirmar que con un excelente criterio, el señor Ángel Sala (modesto ideólogo y realizador, muchas veces olvidado), se ocupó hasta del más mínimo detalle para alcanzar la amalgama perfecta de los espacios en el bellísimo paseo que pergeñó.
Jugando respetuosamente con la naturaleza, apelando a la armonía, Ángel Sala trazó (muchas veces aconsejado y acompañado por Antonio E. Aztiria), diversos jardines y senderos en los que se dispusieron las diversas obras de artes que muchos azuleños donaron. Las más destacadas fueron: “El Ciervo” (donado por Emilio Pourtalé en 1918); “El Negrito” (fuente de los sapitos, desaparecido) y “El tañedor de Címbalos” (donados por Pedro y Héctor Pourtalé); “El León” y “La Tigresa” -mal llamada “La Leona”- (donados por Liborio y Tomás De la Torre en 1919).
El día de la inauguración
La primera comisión de la Liga Comercial e Industrial de Azul, presidida por Constantino Fernández, tuvo como una de sus primeras iniciativas la propuesta de celebrar “La Semana de Azul”, del 6 al 13 de octubre de 1918. Dentro de las actividades del Programa consensuado constaban los siguientes actos: inauguración del Parque Municipal, organización de una kermese, juegos florales, conciertos, juegos atléticos, exposición ganadera y diversos espectáculos de carácter popular.
Finalmente, el 10 de octubre de 1918, se concretó la inauguración del Parque Municipal. Ante una nutrida concurrencia, que se agolpó en los tranquerones de acceso, varios de los involucrados en el magnífico proyecto hicieron uso de la palabra.
El intendente José María Lier rescató diversos aspectos del trabajo realizado y resaltó: “Desde que asumí el gobierno de esta comuna, mi primera preocupación fue la continuación con empeño de esta obra y me lo impuse como deber ineludible. Como medida previa nombré y encargué de su realización a esta digna comisión de vecinos, quienes dándose inmediata cuenta de la importante misión que se les confiaba, la aceptaron con entusiasmo y no vacilaron un momento para dedicarle todos sus conocimientos e inteligencia, poniendo a prueba su actividad. (…)… me es satisfactorio manifestar con orgullo que el pueblo del Azul ha respondido en forma tan eficaz y digna de elogio que su ayuda pecuniaria ha sobrepasado los cálculos más optimistas. Este Parque Municipal queda desde hoy inaugurado, lo entrego a la custodia de todo el pueblo del Azul, para que sirva de punto de recreo y le pido que en el futuro, siempre en constante comunión de ideas como en el presente, con sus autoridades, sea el encargado de velar por su conservación y engrandecimiento. No es esta la obra de un hombre ni de una administración, es la obra del vecindario del Azul…”
Años después… Azul pensando en verde…
El Parque Municipal de Azul “Domingo F. Sarmiento” es la prueba cabal de lo que los azuleños podemos hacer si decidimos trabajar mancomunadamente sin banderías políticas, religiosas o de cualquier otro tipo, pensando sencillamente en el prójimo.
La mano de Ángel Sala procuró unificar los criterios y armonizar la intromisión del hombre en los espacios naturales, haciendo del Parque un espacio apacible e ideal para disfrutar en contacto con lo más puro de nuestro entorno. La naturaleza se abrió camino muchas veces caprichosamente en las entrañas del paseo. En otros rincones aún se preservan los rastros de viejos diseños y trazados artísticos. Pero, por sobre todo, en nuestro Parque Municipal se preserva nuestra esencia como azuleños, esa misma que nos distingue inequívocamente y que debemos preservar para la posteridad.
Jugando respetuosamente con la naturaleza, apelando a la armonía, Ángel Sala trazó diversos jardines y senderos en los que se dispusieron las diversas obras de artes que muchos azuleños donaron. Uno de los destacados fue “El León” donado por Liborio y Tomás De la Torre en 1919.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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